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lunes, 26 de enero de 2015

El Torete, cine quinqui


Hoy traigo a escena a uno de los grandes rostros del conocido como cine quinqi, pelis de la gente con problemas, gente joven, de la calle, con sus problemas y sus historias con la droga, en una época en que España era un país en formación, no como ahora, que es un país en deformación absoluta. Eran pelis también de denuncia social, no exentas de violencia, de una España ciertamente convulsa, y donde el sexo también tenía su espacio importante.

Hay frases lapidarias, como la de el Vaquilla, cuando dice en su autobriografía cosas tal que así: “Cuando íbamos a golfear por ahí siempre llevábamos su música puesta en los coches robados. Es más, a veces íbamos buscando un coche y, si no tenía radiocasete , pasábamos de él y nos buscábamos otro”.


Una de las características más destacables de las pelis de cine quinqi es que los actores eran gente de la calle, nada de galanes ni damas que ocupan grandes portadas en las revistas del corazón. Gente normal, que después del rodaje te podías encontrar en la calle metiéndose un pico. No en vano, muchos de ellos tuvieron una vida efímera, como el caso de Torete, toda una leyenda del cine quinqi.


Ángel Fernández Franco, más conocido por Torete, es uno de los actores célebres del cine quinqi, que interpretó al personaje de El Vaquilla, un tipo que vivía en la calle y de la calle y que con 13 años ya se había fugado de todos los reformatorios habidos y por haber. Vivía de los tirones, de levantar coches, atracos y pequeños actos de delincuencia. De hecho, se pensó en él para llevar su propia vida al celuloide, pero sus problemas con la justicia, estaba en la cárcel, así como sus nulas dotes interpretativas, le dieron la oportunidad al Torete de hacerse un sitio en la gran pantalla. Por cierto, que el Torete era colega del Vaquilla, es decir, también venía de la calle, como corresponde al cine quinqi.
El éxito fue inmediato: Perros Callejeros se rodó en tan solo cinco semanas, tiempo récord que se dice, y una rantabilidad brutal: más de 165 millones de pesetas de recaudación. Además, el Torete ocupó portadas en revistas como Fotogramas, periódicos y por fin tocó la fama con los dedos, aunque no la buscase, así como dinero. El Torete, de la noche a la mañana, pasó a convertirse en una estrella del cine español y en una cara reconocible, popular y a emular por muchos jóvenes de la época. Algo que, por cierto, las autoridades no veían con tan buenos ojos, por el tinte de reivindicación social que emanaba de este tipo de películas.


De la Loma siguió explotando el filón y pronto vería la luz “Perros callejeros 2: busca y captura” en 1979. Aquella en la que el Torete decía aquello de “¿Chicas? Las que quiero. No veas cómo se me dan. Y desde que hice la peli ya es demasiao, me esperan en la puerta con las bragas en la mano”. La trilogía se completaría con  Los últimos golpes del Torete, solo un año después


El éxito fue total que hasta se hizo una versión femenina del Torete, con la peli Perras callejeras (1985), interpretada por Sonia Martínez, a la sazón presentadaora de programas de la época como Dabadabadá y 3,2,1 contacto.
  
Y, de nuevo, en 1985, vuelven a la gran pantalla las asventuras de El Vaquilla, con el estreno de “Yo, el Vaquilla”.

El Torete murió de sida en 1991, a los 31 años de edad, y fue enterrado en el cementerio de Montjuic en Barcelona. Un exponente del vive deprisa y cómo puedas, que pasó las de Caín, un delincuente juvenil que se buscaba la vida, al que perseguía la Guardia Civil y que triunfó en el cine español y se conviertió en un rostro famoso, una extraña combinación de elementos, sin duda alguna. Lo que está claro es que su participación en lo mejor del cine quinqui español han hecho del Torete, y por extensión de la vida de El Vaquilla, un lagado inmortal e imperecedero.


La vida es muy perra y Torete la sufrió en sus propias carnes. Se había ido a vivir a Murcia. Una vida de drogas y necesidades le habían pasado factura físicamente, pero el tenía ulusión por seguir viviendo y en Murcia, donde fallecería, trató de poner rumbo a una nueva existencia, más tranquila y más sana. Así, se llegó a casar y tuvo un hijo, pero el sida se lo llevó por delante cuando ya tenía marcado el rumbo. 

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